martes, 16 de octubre de 2012

DEIDAD

El violeta de tu iris Te hace dueña del crepúsculo La frescura de tus labios Señora de la lluvia Y el misterio de tu cabellera Deidad patrona de la selva Eres la furia del tigre La belleza del quetzal La caricia de la brisa La voluntad del huracán Y el misterio que anuncia la llegada de la oscuridad

jueves, 11 de octubre de 2012

La Mano en el Yeso

Este es un breve relato sin puntuación al estilo del Ulises de James Joyce. Fue escrito en mayo pasado.
Siento frío en los pies abro los ojos todo está oscuro todavía la maldita noche no termina mejor que no termine mañana la escuela los perros la mano en el yeso pero mejor que si termine las sombras eso de allá qué es parece una silueta la forma de un monstruo cric-crac el techo de madera de la sala cruje algo podría estar caminando sobre él un lagarto gigante por ejemplo pero mejor que no termine el camino a la escuela no me gusta esos perros ladrando siempre detrás de esa reja oxidada si debe de ser uno de esos lagartos que vi en la televisión el otro día que son grandes como un coche y comen caballos pero no solo son los perros también odio esa puerta verde alta como la de una cárcel y si el lagarto viene hacia acá pero no ya no se oye nada ya no se oye cric-crac de todos modos no sería peor que estar ahí adentro horas y horas entre cuatro paredes rodeado de desconocidos casi todos más grandes que yo me desagradan sus caras pecosas sus ojos color de agua de charco sus pelos parados como si fueran de paja y sus barrigotas llenas de grasa y si el lagarto me toca con su lengua babosa no que horror ya no cruje la madera quizá se ha ido levanto la cabeza miro otra vez el reloj diez para las cuatro todavía falta mucho para que salga el sol no podré soportarlo pero es mejor así tampoco quiero que venga a despertarme mi mamá y me diga que ya es hora de ir a la escuela y esas niñas con sus caras largas todas pálidas se sienten muy bonitas y ni quien las pele todas igualitas todas feas pero tampoco me gusta esta oscuridad algo se escucha en el jardín un aullido o un grito quizás es un lobo esperando comerme o quizás otra cosa peor una de esas momias como las de la película del otro día con muchas vendas que les cubren la carne negra y podrida quieren atraparte para llevarte con ellas al mundo de los muertos preferiría ir mañana al super hay muchas cosas bonitas ahí como ese dinosaurio enorme con monitos trepados encima o esa espada que lanza rayos y hace ruidos no se escucha nada quizás la momia ya se fue o quizás se la comió el lobo o el lagarto o quizás todos acaben comiéndose unos a otros y me dejen en paz todo huele rico en el super el pan sobre todo las conchas los cuernitos las donas con chocolate encima y además ahí no te hacen poner la mano en el yeso aunque no quieras odio el yeso todo blanco todo pegajoso no me gusta tener las manos pegajosas por eso no quiero ir a la escuela prefiero ir al super con mi mamá ahí nadie te obliga a hacer nada y hay cosas bonitas pediré ese dinosaurio para navidad si que padre además podría ponerlo a combatir con el lagarto que pasa en las noches por el techo de la sala miro otra vez el reloj apenas cuatro y media falta mucho para que salga el sol tengo menos miedo quizás debería dormirme odio dormirme las cosas malas siempre pasan en la noche por eso no me gusta la oscuridad tampoco me gusta la escuela no soporto a la maestra esa vieja bruja quiere que todos le den besitos y que la quieran y si no te agarra odio mucho odio tengo ganas de ir al baño pero no quiero pararme me da miedo esa maestra una vez me castigó me envió con los de Maternal a recortar figuritas y dibujar monigotes me sentí ridículo maldita vieja voy a vengarme un día quiero ir al baño pero me da mucho miedo ese espejo tan grande tan horrible me da la sensación de que en cualquier momento algo espantoso va a salir de él no se la cara de un fantasma o un tipo todo quemado que me quiera jalar adentro del espejo por eso no me paro al baño aunque me esté haciendo pipí saco la cabeza de las cobijas miro el reloj son las cinco ya falta menos para que salga el sol pero también falta poco para que venga mi mamá y me diga que es hora de levantarme odio la noche odio la escuela no se cual odio más de las dos…

lunes, 1 de octubre de 2012

HUICHILOBOS Y EL CAPITÁN

Después de consumar su hazaña, el Capitán descansaba a las orillas de la inmensa laguna que se abría ante sus ojos. De pronto escuchó que se acercaba un colibrí. Con gran sorpresa y espanto lo vio transformarse en un hombre con la piel teñida de azul. - ¡Aléjate, demonio infernal! - No soy un demonio.-respondió el extraño recién llegado. - ¿Entonces que eres? - Un dios. El Capitán dejó escapar de su boca una carcajada. -¡Dios sólo hay uno, y con seguridad no sois vos! - Te equivocas, no hay uno, sino muchos. - ¡Oh mil veces maldito! ¡Ya se quien sois! ¡Huichilobos, el más sanguinario de todos los diablos que habitan este país! - ¡Tú destruiste mi ciudad y aniquilaste a mi pueblo! - ¡Todo sea por la Fe! ¡El verdadero Dios no exige sacrificios humanos! - ¡Mentira! Ese Dios del que hablas exige más sangre que todas las otras deidades juntas. - ¡Blasfemia! Huichilobos dirigió su brazo extendido hacia un islote que se alzaba en el centro del lago. - ¿Puedes ver los cuerpos pudriéndose entre los muros de la ciudad arrasada? ¿Alcanzas a observar a los pocos sobrevivientes muriendo de pestes y viruela? El Capitán dirigió un rápido vistazo al lago y enseguida devolvió su mirada a su interlocutor. - Es su justo castigo por negarse a abandonar la idolatría, por no aceptar como su soberano a nuestro magnánimo rey. - Yo, así como otros entes celestes, exijo la sangre de cautivos de guerra, de una que otra hermosa doncella. Pero tu Dios exige la muerte de civilizaciones completas. - ¡No blasfemes más, mi Dios y mi Rey sabrán recompensar mis valerosas acciones! Huichilobos rió. - Ten la seguridad que no será así. El Capitán desenfundó su espada y atacó a su adversario, pero Huichilobos, antes de ser tocado por el filo del arma, se desvaneció.

lunes, 24 de septiembre de 2012

El PROMETEO AZTECA

Prometeo era un titán, hijo de Jápeto y la oceánide Clímene, el cual, usando su astucia, le robó el fuego a los dioses olímpicos para entregárselo a los hombres, quienes carecían del vital elemento. Por haberse atrevido a tal osadía, Zeus mandó encadenar a Prometeo en el Cáucaso, y después envió un águila para que cada día le devorara el hígado. Siendo el Titán un ser inmortal, el órgano volvía a crecerle cada noche, y a cada nuevo amanecer, el ave volvía a comérselo. Convirtiéndose esto en una tortura eterna para el desdichado. Muchos miles de kilómetros al sureste del Cáucaso, más allá de la India, del Archipiélago de la Sonda y de Nueva Guinea, se localiza Australia, un país por demás singular en el cual son cosa común los seres más insólitos: el canguro, el koala, el wombat y el cuscús. Todos estos animales cuentan con la particularidad de que sus hembras poseen en sus vientres una bolsa -llamada por los científicos marsupio-, en la cual dan resguardo a sus crías cuando son pequeñas y no están en condiciones de defenderse a sí mismas. Esta clase de mamíferos no es, sin embargo, exclusiva de Australia, pues llegan a encontrarse también en otro continente de fauna exótica: América. Fue en la América media, donde floreció, hasta 1521, la civilización azteca, la cual, además de construir colosales templos en los cuales realizaban sacrificios sangrientos, también dejó a la posteridad muchos memorables mitos. Hay, entre estos uno muy similar al de Prometeo. Resulta que las deidades aztecas eran igual de egoístas que las griegas y no querían el fuego sino para sí. Tuvo que aparecer un héroe que le entregara el fuego a los hombres. Para los antiguos mexicanos, éste individuo no fue un Titán, ni siquiera un hombre, sino un animalejo de hocico alargado y cola peluda llamado tlacuátl, el cual sin temer el riesgo, se introdujo -mediante embustes- en la casa donde los dioses ocultaban la llama sagrada y, usando su cola, la robó con el fin de entregársela a los pobres mortales que morían de frío por las noches. Al igual que Prometeo, el tlacuátl sufrió daño a causa de su audacia, pues el fuego le quemó la cola y se la dejó sin pelo alguno y, cómo si fuera una especie de pecado original, ésta característica se extendió a todos sus descendientes. Hoy en día, el tlacuátl es conocido como zarigüeya o tlacuache y, además de su cola pelona, tiene otra característica particular, la hembra lleva a sus crías en un

jueves, 20 de septiembre de 2012

HUYENDO DEL PARAÍSO

Antes de que el primer rastro de sol se vislumbrara en el horizonte, Isabella abandonó la suntuosa habitación en la cual estaba hospedada desde hace ocho días. Después de cerrar la puerta cautelosamente, echó un último vistazo a su bolsa de mano, para ver si todo lo necesario -pasaporte, boletos de avión, dinero- se encontraba ahí, y enseguida caminó por el pasillo hasta llegar al elevador. Mientras descendía los veintitrés pisos, miraba a través del cristal los numerosos cuartos de luces apagadas y puertas silenciosas, y pensaba en el contraste entre la idílica belleza del lugar y el horror que aquellos días habían significado para ella. Cuando la puerta se abrió, Isabella cruzó velozmente el lobby, y tanta era su prisa que ni siquiera se dio tiempo para contestar el saludo del recepcionista soñoliento. Al salir a la calle, la presencia de un tono rosado en el horizonte le advirtió de la cercanía del amanecer. Los latidos de su corazón se aceleraron. Había un largo trayecto hasta la avenida principal, por lo que todavía tendría que caminar bastante antes de encontrar un taxi. A su alrededor, los comercios y cafés comenzaban a tomar forma, al dar los primeros rayos de sol contra sus escaparates. Aún no había logrado salvar ni siquiera la mitad de la distancia que la separaba de la avenida principal cuando comenzó a surgir en su mente el pensamiento de que ya para entonces la seguían. Se sentó bajo el follaje de una enorme ceiba para recuperar el aliento, sacó de su bolso una botellita de agua y prosiguió en su camino. Al ver a dos personas que avanzaban hacia ella, se estremeció, pero al confirmar que sólo se trataba de un par de borrachos trasnochados, le regresó la tranquilidad. Ya el calor había aumentado considerablemente y la oscuridad se había replegado a los rincones cuando alcanzó la avenida principal. Sin pérdida de tiempo, detuvo un taxi. - Al aeropuerto.- dijo Isabella con una voz tan áspera como si hubiera tragado un montón de tierra. El conductor asintió y el vehículo comenzó a rodar. Las calles de la pequeña ciudad poco a poco iban llenándose de trabajadores, deportistas y muchachas paseando sus perros. Por más que lo intentaba, no podía alejar de ella la obsesiva idea de que para entonces, a causa de un error suyo o por obra de la fatalidad, ya había sido descubierta. Vendrían tras ella, de eso no cabía duda. Al ver que el taxi dejaba atrás las calles y enfilaba hacia la carretera bordeada de relucientes palmas, la opresión en su pecho disminuyó. Entonces, desfilaron por su mente sus ilusiones y esperanzas, las cuales se hicieron añicos como un cisne de cristal apenas sus pies tocaron suelo caribeño. Revivió las humillaciones y las infamias que hicieron de su estancia en el paraíso una pesadilla atroz. Ya faltaba menos, quizás veinte minutos, para alcanzar el aeropuerto, sin embargo, no se sentiría segura hasta estar a bordo del avión. Al escuchar el ulular de una patrulla cada vez más cerca, Isabella casi perdió el conocimiento, pero pronto se recuperó, al constatar que los destellos roji-azules que lanzaba la sirena no iban dirigidos hacia ella, sino a un hombre que conducía a exceso de velocidad. Los anuncios espectaculares invitando a recorrer los atractivos turísticos del área le advirtieron de la cercanía de la torre de control, la cual pronto apareció ante el taxi, escoltada por frondosas matas de vegetación salvaje. Al llegar a la puerta que correspondía a su aerolínea, Isabella pagó al conductor y bajó del coche. Una vez en el interior del edificio, procedió a documentar. Al llegar su turno, el pasaporte resbaló, pero sin demora lo alzo del suelo y el incidente pasó desapercibido. Llegó al área de revisión, y aunque un perceptible temblor se apreciaba en sus manos, logró cruzar sin contratiempos. Ya en la sala de espera, se sintió un poco más tranquila y, viendo que faltaba todavía cerca de media hora para que saliera su vuelo, decidió ir por un café. Apenas probó un tragó, sintió que su estómago se retorcía, por lo que se levantó de la mesa y volvió a la sala de espera, donde su mirada permaneció fija largo rato en el reloj. En cualquier momento llamarían a subir al avión. - Pasajeros con destino a ….. favor de abordar. Al escuchar la voz, Isabella se incorporó de su asiento y se formó en la fila. Sólo había una señora con sus dos hijos y un par de ancianos delante de ella, no tardaría mucho en alcanzar la aeronave. Se perdería en el mundo y nadie la encontraría jamás. Pasó la madre con sus dos críos, pasó el matrimonio de ancianos. Era su turno. Una mujer de cabello corto y ojos enmarcados en gruesas gafas le pidió su pase de abordar, el cual entregó sin demora. El estridente timbre del teléfono sobre el mostrador resonó en la estancia. La encargada no pronunció más que unas pocas palabras: “Sí señor, entendido.” Dos gendarmes hicieron acto de presencia en la sala. Isabella ni siquiera tuvo ánimos de defenderse. Se la llevaron.

martes, 26 de abril de 2011

¿TE ACUERDAS?


¿Te acuerdas?
- ¿De qué?
-Cuándo nos conocimos
- Evidentemente no, fue hace tanto tiempo,
- Tienes razón.
- Desde el principio te quise.
- Sí, lo se.
- ¿Y mira ahora, cómo estamos?
- Distantes, como el cielo y el mar.
- Yo estoy solo y tú…
- Casada, felizmente casada.
-Eso dices.
- Porque así es.
- No estoy tan seguro.
- No empieces.
- Bueno, dejémoslo así, no quiero meterme en problemas.
- Me parece bien.
- Jugábamos al doctor… me gustaba tocar tus piernas.
- Mejor hablemos de otra cosa.
- Mis amigos querían que todo el día jugara futbol.
-Y eso hacías.
- Pero yo sólo deseaba estar contigo.
- Nunca me lo dijiste.
-Es verdad, ¿pero lo sabías no?
- Sí, tus ojos me lo contaron muchas veces.
- Y esa noche, junto a la playa, ¿Te acuerdas como bailamos?
- Muy cerca.
- La pasé muy bien.
- Te hubieras aprovechado más.
- Tenías novio, ¿Esteban, se llamaba Esteban?
- Eso no importa, era un imbécil.
- Sí, lo sabía.
- ¿Y aún así, no te aprovechaste de las circunstancias?
- Ahora lo lamento.
- Pero no fue tu única oportunidad.
- Cortaste con ese idiota.
- Sí.
- Empezamos a salir.
- Me acuerdo.
- ¡Ah, muy bien! Pensé que lo habrías olvidado.
-Todavía no.
- Fuimos al cine, al boliche, al parque…
- ¡Tuviste tantas oportunidades para besarme!
- Pero siempre estaba tu hermana.
- ¿Mi hermana, que importaba mi hermana?
- Nos pudo haber visto, le hubiera dicho a tu mamá.
- ¿Y eso que?
- No se, simplemente no me gustaba la idea de que lo supiera.
-¡No seas ridículo!
- Poco después lo conociste…
- Sí, en la tienda de ropa.
- Y lo nuestro se fue al basurero
- ¡Me harte de tu indecisión!
- Pudiste esperarme…
- No me equivoqué. He sido feliz, muy feliz.
- No es cierto.
- Claro que sí.
- No estoy tan seguro de eso.
- No empieces otra vez.
- Esta bien, me callo.
- Continúa.
- Ni siquiera contestabas el teléfono.
- Estaba muy ocupada.
- En dos años, apenas si te ví.
- Disfrutaba de la vida.
- Cambiaste mucho.
- Era muy ingenua, aprendí tanto con él.
- Después otra vez me buscaste…
- Necesitaba un amigo.
- Sabes que nunca podré mirarte con otros ojos.
- Pensé que podrías.
- Lo intenté, te juro que lo intente.
- De haberlo sabido, no te habría invitado.
- Ya estoy aquí.
- Pues sí, que se le va a hacer.
- Y él no está.
- ¿Me estás proponiendo algo?
- Qué aprovechemos la luna, la soledad.
- Es demasiado tarde.
- ¿De verdad?
- Sí, ya te lo dije… soy una mujer casada.
- Pero no eres feliz.
- Yo…
- No finjas, ¡Bésame!
- Él no tiene por qué enterarse, ¿verdad?
- ¡Claro que no!

FIN

jueves, 31 de marzo de 2011

NO TENDRÁS TIEMPO

Acaba la película, la tomas de la mano y juntos caminan hacia el sitio de taxis afuera del cine, pides uno. - A la calle Magnolias, Número 33. Estas nervioso, presientes que hoy no es un día como otros, es especial. Ella parece un poco distraída, tu no encuentras las palabras exactas que quieres decir. Finalmente rompes el silencio. - ¿Te gustó la película? - Más o menos, como que estaba medio rara ¿no? Te haces hacia atrás un mechón de pelo que cae sobre tu frente, suspiras, respondes. - Pues a mi me gustó todo, menos el final. Debieron haberse quedado juntos. -Sí, estaba mejor así. Miras por la ventana del taxi, no hay mucho tráfico, ya casi llegas a su casa. Sabes que se te acaba el tiempo, estás nervioso, intentas esconderlo. - Aquí está bien. Abres la puerta, le ayudas a bajar, vas a pagarle al taxista cuando ella te toma suavemente del brazo. - Ya es tarde, Gerardo, mejor vete en este mismo taxi, yo ya estoy bien cerquita de mi casa. - No, ¿Como crees? al rato me subo a otro. Te llevo hasta la puerta. Pagas, el taxista se va. En el camino le platicas de cualquier cosa, ella también está nerviosa, puedes sentirlo. - ¿Y que vas a hacer mañana? - Tengo un buen de tarea, no creo que pueda salir. - ¿Y el viernes? - Pues no se, ¿y tu? - ¿No quieres ir al boliche? -Va, me late Pasan la reja, cruzan el patio y llegan a la casa, ella saca su llave. - Bueno ya me voy, nos vemos el viernes. Antes de que abra la puerta, la tomas de la barbilla. - Espera. Lentamente te acercas a sus labios rosados. La besas larga, profundamente. Ella responde a tu beso. - Me gustas mucho.- le dices. Quieres volver a besarla, ella se aleja un poco. - Ya me voy, puede llegar mi hermano. Antes de cerrar la puerta te dirige una sonrisa. - ¡Bye! - ¡Hasta el viernes! Das media vuelta, cruzas el patio, cierras la reja y sales a la calle. Tu cabeza está muy lejos, perdida aún en el eterno instante que duró aquel beso. Avanzas sobre la calle oscura y silenciosa como una tumba. No se ve una sola alma. Piensas caminar hasta la esquina, allí, de seguro, encontrarás un taxi. - ¡Al fin la besé!- te dices a ti mismo, felicitándote de tu audaz decisión. Ahora caminas al lado del parque, un triste farol ilumina tus pasos. El viento frío golpea tu cara, subes el cierre de tu chamarra hasta el cuello. Sigues caminando, piensas en todas esas veces que dudaste, en todo el tiempo que no te atreviste a mostrarle a ella lo que realmente significaba para ti. Pero ahora eso ya no importa, el próximo viernes le llevarás una rosa y le harás finalmente la pregunta que estruja tu alma y tu corazón. - “¿Quieres ser mi novia?” Perdido en tus cavilaciones estás, cuando escuchas acercarse unos pasos sigilosos. Antes de que puedas darte la vuelta sientes como una mano se aferra tu hombro. Volteas y ves detrás de tí a un tipo alto, muy flaco, desaliñado, de rostro moreno y ojos inyectados. - ¡Dame todo lo que traigas, cabrón! Logras desasirte de su brazo y empiezas a correr con toda la fuerza que tus piernas te brindan, estás por alcanzar el final de la calle cuando otro individuo, casi idéntico al anterior sale a cortarte el paso. - ¡Ahora sí, ya valiste pendejo! Ves algo brillante quebrar la oscuridad, un dolor inmenso te desgarra las entrañas, sientes como te despojan de tu chamarra, tu cartera y tu teléfono, ya nada importa, lo sabes muy bien, no tendrás tiempo de besarla otra vez. FIN